Cómo cuidar la piel sensible
Es común que una piel sensible tenga reacciones adversas ante numerosos factores externos. El clima, los rayos solares, los detergentes con que lavas la ropa, el jabón, el maquillaje y los perfumes son algunos de ellos. La predisposición genética y la alimentación también pueden influir en las afecciones que presentan las pieles sensibles.
Los síntomas frecuentes de una extrema sensibilidad son la aparición del acné, irritaciones, dermatitis de contacto, dermatitis atópica, rosácea, etc. Muchos de estos problemas vienen acompañados de tirantez, incomodidad, descamaciones, ardor y picor cutáneos.
Para resolver estas molestias es importante saber si tienes realmente una piel sensible o si has tenido reacción alérgica a algo en específico. Para cada caso hay un tratamiento distinto. Aunque al final, habrán ciertas indicaciones comunes.
Tipos de piel sensible
Dependiendo del origen de la sensibilidad, la duración del problema cutáneo puede reducirse o prolongarse en el tiempo. Por ejemplo:
Piel con sensibilidad provocada: puede aparecer cuando sometes tu cutis u otras partes del cuerpo a productos o tratamientos agresivos. Los peelings, por ejemplo, pueden volver sensible a una piel que no lo era. El uso de cosméticos vencidos y el consumo de alimentos o medicamentos también puede causar irritaciones, rojeces y picor en la piel.
Piel con sensibilidad genética o hereditaria: casi siempre se trata de las pieles claras, que son más propensas a sufrir la llamada dermatitis atópica. La reacción se traduce en picor, descamaciones e inflamación en ciertas zonas de la piel. Guarda mucha relación con los cambios del clima, la alimentación y el uso de detergentes muy fuertes para la ropa.
Piel con sensibilidad idiopática: son aquellas irritaciones que se producen sin una causa aparente. En la actualidad, se dan con bastante frecuencia, especialmente entre las mujeres.
Lo riesgoso de este tipo de pieles es que, por momentos, pierden efectividad en su función protectora del cuerpo. Su barrera se daña y permite que los agentes irritantes penetren con mayor facilidad. Por otro lado, esto trae como consecuencia la deshidratación de la dermis y esa resequedad favorece el envejecimiento prematuro.
Consejos para cuidar la piel sensible

Si tienes piel atópica o piel reactiva o simplemente sensible, hay numerosos tips que puedes utilizar a tu favor. Siguiendo estos consejos no solo aliviarás los síntomas sino que también podrás prevenir futuras y reincidentes complicaciones cutáneas.
Y cuando se habla de cuidados de la piel sensible, no solo se trata de esos que actúan directamente sobre las capas cutáneas sino también de esas precauciones adicionales que ayudan a mejorar tu salud en general.
Directo en la piel
#1 Evita los jabones: los jabones regulares tienden a romper el manto ácido de la piel por su alcalinidad. Por ello debes preferir los geles o lociones limpiadoras para tu higiene personal. También a la hora de lavar tu ropa, los jabones líquidos son menos agresivos y dejarán menor cantidad de residuos en las prendas que pudieran irritarte.
#2 Aléjate de los perfumes y productos que los contengan: son sustancias químicas altamente alergénicas que pueden producir serias reacciones no solo en tu piel sino en tu sistema respiratorio. Para estos tipos de piel nada mejor que el perfume de tu propia higiene.
#3 Usa protector solar: es importante usar cremas con FPS antes de exponerte al sol. Los rayos del astro rey activan en gran medida la sensibilidad de la piel. Su calor la reseca y deshidrata. Además, una piel con un manto protector comprometido puede quemarse más fácilmente.
#4 Aplícate productos hidratantes: no dejes de proteger tu piel con cremas y/o productos hidratantes y nutritivos. Los aceites son muy favorables para este tipo de pieles. Puedes optar por aquellos a base de argán, coco, jojoba, aloe vera y manteca de karité. También existen cremas especiales para dar tratamiento a las pieles atópicas.
#5 No uses agua muy caliente al ducharte: aunque pudieras creer que el agua hidrata tu piel, no lo hace desde afuera. Por el contrario, si te bañas con demasiada frecuencia, por tiempos prolongados y con agua muy caliente, dañarás aún más tu piel sensible. Lo mejor en estos casos es un baño rápido diario con agua tibia, tendiente a fresca.
Otras precauciones importantes

#6 Cuida tu alimentación: los alimentos procesados como el azúcar blanca, aquellos con grasas trans, los que tienen colorantes, etc. pueden producir reacciones alérgicas y aumentar la sensibilidad de tu epidermis. Muchas veces el consumo de estas comidas activa la aparición de eczemas, resequedad, rosácea, erupciones, etc. Se recomienda la ingesta de productos más naturales, comer muchas frutas y mantener una dieta balanceada. Evita también el consumo de sal, específicamente la refinada, ya que esta elimina el agua del organismo.
#7 Prueba usar un humidificador: en ciertas épocas del año, cuando el clima se torne seco, este aparato ayudará a mantener un balance en el ambiente y evitar que tu piel se reseque.
#8 Toma mucha agua: al mantener tu cuerpo hidratado, tu piel estará hidratada y difícilmente se irritará. Además, con el líquido vital limpias tu organismo de toxinas y eliminas más rápidamente lo que hayas consumido con potencial alergénico.
#9 Cambia tus cosméticos con frecuencia: los productos de maquillaje mantienen contacto directo con tu piel. Estos se vencen y debes cambiarlos con cierta frecuencia pues de lo contrario te provocarán reacciones adversas. Tal es el caso del rimel que debes sustituirlo por otro cada 3 meses y el lápiz de labios cada seis.
#10 Duerme temprano y lo suficiente: la falta de un descanso reparador le resta salud a la piel. Algunas personas con piel atópica sufren de eczemas e irritación por no dormir suficiente. Es recomendable acostarse temprano y descansar 8 horas para que el organismo se recobre por completo. Y ¿por qué temprano? porque las horas de sueño nocturno son mucho más reparadoras que las diurnas.
